Teatralidad obscura, harto darks…
El ritual desde el panteón de los vivos…

por: Bernardo Ameneyro Esquivel | @nayoameneyro
La noche del pasado jueves 10 de septiembre, se llevó a cabo la presentación La Bande-Son Imaginaire en el Pepsi Center de la Ciudad de México, donde se registro una importante afluencia al venue de la colonia Nápoles para disfrutar de una noche ideal para los amantes de la obscuridad que la entienden como forma de vida, a veces darkwave, a veces postpunk o una mezcla de todo.
Y que por fin se nos hace, registrar el ritual contemporáneo, plasmado en un acto escénico harto motivante y esperanzador por parte de La Bande-Son Imaginaire, banda mexicana que transgrede -en el buen sentido- lo establecido (sepa la fregada por quién) como lo aceptable o estético, por fortuna ellos no, ellos defienden su subjetividad antes que ser un proyecto más que que “ser visible” que pretende convertirse en una banda “trend”, “viral” o tener un “alcance” grande.
No, ellos NO, Óscar Tanat (Voz), Heri Ángelo Tanat (Teclados) y Bram Hernández (Violín), no apuestan por fórmulas que “funcionan” en lo digital y que tristemente no comunican nada en el acto En Vivo, ellos tienen otra lógica y entienden su valor personal y su capacidad dramatúrgico, que cuentan una historia, pues, que crean un concepto escénico para la representación de una historia, no son gente improvisada, son gente de teatro, hermosas y hermosos.
Teatralidad obscura, harto darks, resultado de la dramaturgia cabaretera de terror, inspirada en la obra de Antonin Artaud, teórico del Teatro de la Crueldad, que durante la primera mitad del siglo XX, ajá cuando predominaba la inteligencia natural y no la o artificial, puesto que se exploraban las infinitas posibilidades de subirse a un escenario y convertirlo en una experiencia física intensa, como la de estos tres compitas que a través de un ritual, provocan una experiencia intensota, física y sensorial, el hermoso público respetable, lo traduce en baile motivado en los meros puntos climáticos -o chulos- por un violín y los géneros musicales setenterísimos como el darkwave, el post punk y el synth pop que suman a su estética lúgubre e instrispectivo.
Vaya sorpresa la vivida en medio de cientos de amantes del baile que por breves instantes, quedaban embelesados por lo ocurrido arriba del escenario mientras mensajes de historias que transitan en medio de una hermosa cosmovisión indígena contemporánea que nos recuerdan que nuestra soledad no es absoluta y que esa multitud es también parte de nuestro cuerpo, a través de líricas contadas en español, francés y en zapoteco.
La llegada de los Chez toi al escenario, encumbran su concepto como ícono visual del proyecto musical originario de Oaxaca que dicho sea de paso, nada tienen que ver con los estereotipos culturales de esa hermosa región y eso nos mama.
Estos alter egos escénicos, se expresan arriba del escenario como neuronas juguetonas en orgía chula, mostrando la importancia de la neuroplasticidad de cambiar, creando nuevas conexiones sin regatear u olvidar que su obra sostiene un carnaval itinerante que disfrutan cada vez más personas que hacen suya la fiesta con una fuerte identidad.
Enhorabuena.



























