Noche de jazz experimental en la colonia Nápoles…

por: Bernardo Ameneyro Esquivel.
FOTOS CORTESÍA OCESA: Liliana Estrada
Espectacular noche la vivida la del pasado miércoles 10 de semtiembre en la presentación más concurrida en nuestro país del renombrado saxofonista y compositor Kamasi Washington, quien ofreció un señor concierto en el Pepsi Center que fue testigo de un par de horas de energía y maestría.
Con la encomienda de conectar los unos con los otros, a través del corazón, expresada por el propio Kamasi, la atmósfera se llenó de una especia de espiritualidad, paz, o llámale como gustes y mandes con uno de los placeres más complementarios y gozosos que da la vida: escuchar música En Vivo.
El setlist elegido para la velada, incluyó temas de reciente manufactura, de los que destacaron los de su álbum Fearless Movement, además de una fina selección de lo cosechado en la década que irrumpió en nuestra psique, gracias a su sonido sorpresivo, de cualidad expansiva que nos acompaña en el fascinante camino de hacer consciente lo que vivía en el terreno de los sueños que bailan entre arreglos exuberantes e improvisaciones que hacen lucir al experimentado ensamble conformado por: Patrice Quinn (voz), Asha (su padre en el saxofón soprano), Donte Winslow (en la trompeta), Damian Grace (dando cátedra en los teclados), Miles Mosley (en el contrabajo) y Tony Austin (en la batería), nos llevaron a través de un ritual harto emocional, lleno de virtuosismo con temas como: “Lesanu”, “Road to Self” (KO), “Asha the First”, “Askim”, “Vortex”, “Re Run”, “Vi lua vi sol”, “Prologue” (cover de Astor Piazzolla), “Fists of Fury” y “Street Fighter Mas”.
La formación musical de Big Band del saxofonista nacido en Los Ángeles, California y de cada uno de los integrantes de la banda es evidente, los arreglos orquestales, revela la personalidad de la banda liderada por alguien que no tiene miedo a trazar nuevos caminos, es un explorador nato que sabe que su cualidad principal es la de improvisar, su honestidad y visión musical es crucial para conectar con el público respetable que entre gritos, vítores, que iban desde la clásica celebración por algún solo musical, declaraciones abiertas de amor y el irremediable vértigo que provoca el baile en medio de miles de personas embelesadas por las progresiones musicales con un set harto energético y gozoso.
Que Chulada.










