El Ritual de Paz y Baile cumplió cuatro décadas…

por: Bernardo Ameneyro Esquivel | @nayoameneyro
La noche del pasado sábado 20 de septiembre, vivimos gran celebraron de 35 años del disco El Circo y 40 años de vida de La Maldita Vecindad con show renovado “Reggae y Ska en la Vecindad” en el Velódromo Olímpico 1968 que se dejó cimbrar apunta de Reggae, Ska y Rock, con fuerte reminiscencia a lo que se vive en el barrio, sus historias, su eterna capacidad de adaptación, siempre sobreviviendo en contra de lo establecido.
Y es que hablar de cuatro décadas tiene que ver con una escena impedida en el otrora Distrito Federal, apañado por gobernícolas ridículos que simple y sencillamente prohibían los conciertos, así nomás, gente enanita de imaginación, igualitos de ridículas y ridículos de muchas y muchos de hoy que se las dan de progresistas y en realidad aborrecen a la raza que vive al día y que desde entonces, defiende su derecho al ocio y la diversión; ajá hasta eso les incomoda a estas y estos ridículEs (no se vayan a sentir excluidos), que simple y sencillamente no entienden que ocho mil personas, bailen, canten, se abracen y griten durante tres horas.
Y lo impresionante de estos maestros es que desde hace cuatro décadas, lograron conectar con los diferentes públicos de nuestro país, obvio empezaron por conquistar el corazón de millones que vivimos en el centro, pero pasó lo mismo con la raza de la frontera norte y ni se diga de la sur, el lenguaje, visión, estética y claro su música, retrató de manera fiel todos y cada uno de los elementos que nos hacen enchinar la piel a los que sí nos gusta abrazarnos con completos extraños y continuar nuestro camino de cero, esperando que en la siguiente oportunidad, el camino de la música nos vuelva a conectar con otro puñado de extraños.
Y es que hablar de lo que se vive en las calles, en este gran circo, como atinadamente describieron a mediados de la gloriosa década de los 90, reclama, exige, demanda, protesta, nuestro derecho a ser vistos, ser reconocidos por todos esos simuladores que se “ganan” la vida cuando son en realidad zánganos y año tras año lo #justifican” con el pretexto ridículo de vivir en democracia y acercarse a la raza cada seis años.
Así, volvimos a realizar el ritual de alzar las manos al cielo y sacudir toda la mala vibra y disfrutar de una noche de Paz y Baile, se nos volvió a dar con temas como: “Bailando”, “5to Patio Ska”, “El Chulo”, “Supermercado”, “Mujer”, “Tatuaje”, “Con Solo Tocarte”, “Sirena”, “Música Guerrera”, “Don Palabras“, “El Tieso Y La Negra”, “Soledad”.
Momento de un intermedio, un respiro necesario para lo tosco la mera verdura del caldo, los temas que permitió un nuevo boom de la cultura de los pachucos, característicos por su indumentaria elegante, de la que siempre luce el carnal Rolando Ortega, Roco quien presumió un conjunto gris oscuro con rayas blancas verticales, zapatos bostonianos oxford a dos colores: blanco y negro y sombrero de ala ancha, adornado con patrones wixárikas y un par de plumas espectaculares, cadenota de bolsillo delantero al cinto delgadito y noventerísimo, collares, pulseras y demás accesorios que presumen lo nuestro.
Además tanto Roco como Enrique Montes (guitarra), Héctor Hernández (saxofón), mostraron gran condición física para dominar lo ancho y largo el imponente escenario, dispuesto en la curva norte del hermoso e histórico Velódromo Olímpico 1968, y recorrer no sé cuántas veces la larga pasarela donde sacó los pasos chulos, que nomás provocan la envidia de los que tenemos dos pies izquierdos; el orden y ritmo estuvo a cargo del maestro Aldo Acuña en el bajo, y Miguel Sabbagh en la batería.
“Solin”, “Toño”, “Pata De Perro”, “Crudelia”, “Mare”, “Un Gran Circo”, “Poco De Sangre”, “Pachuco”, “Kumbala”.
Nueva pausa para terminar de zangolotear el escenario con “Querida”.
Enhorabuena.



































