De vuelta a las raíces…

por: Bernardo Ameneyro Esquivel | @nayoameneyro
Y que por fin se nos hace…
La noche del pasado miércoles 12 de noviembre se llevó a cabo la esperada presentación en nuestra amada ciudad de la reconocida cantante, compositora y multi-instrumentista australiana Tash Sultana quien ofreció un show redondo en el Auditorio BB que abrió sus puertas a miles de melómanos, congregados en la colonia Hipódromo Condesa quienes disfrutaron de un show diferente, con la calidad de una artista que subraya la importancia de la música genuina y sin pretensiones.
Con temas como: “Unleash the Rage”, “I Shot the Sheriff” (The Wailers), “Kiss the Sky”, “Hazard to Myself”, “Greed”, “Nights Over Egypt”, “Milk & Honey”, “Mystik”, “Notion” y “Jungle”, Tash Sultana tuvo a bien el demostrar la versatilidad de sonidos y/o géneros musicales, que la hicieron lucir por su estilo original cuando chamaquita se hizo “viral” por sus buenos modos como one-woman-band (banda de una sola mujer).
Luego de que por fin se me hizo ver el acto En Vivo de la reconocida compositora, se me vino una palabra a la mente: Contracultura, en el sentido estricto de la palabra, la artista que hacía performances en las calles de Melbourne, Australia, hace música para gozarla antes de pensar en posicionarla y mucho menos en venderla; no se deja influenciar, pues, por estos mercaderes que ven a la música como un producto; no, aquí se evidencia el oficio que se hace música de manera lúdica, se inclina por jugar y en cierta medida, rechazar los valores, modos de vida y cultura dominantes de una industria a la que no le importa en nada el resultado, nomás ven números los muy puñetas.
¿Y qué creen? Eso también vende boletos, la afluencia de la noche de anoche fue muy buena, la estrategia hecha por Tash -como le dicen sus cuates-, funcionó, se dispuso a hacer música que se iba maquilando de la mano de la opinión del público respetable, lo que resultó en un performance, completamente renovado, diferente a todo lo que había hecho antes, claro que hay estructura, la ejecución de todos los instrumentos que lleva consigo arriba del escenario, así como los músicos que la acompañan, evidencia el trabajo previo, los ensayos y resulta o culmina siendo, de manera sorpresiva, en una jam session, una sesión de improvisación musical donde la espontaneidad es evidente y harto liberadora.
Ehorabuena.















