Acto final del manicomio artístico…
Cierre con show épico en el Coloso de Reforma…

por: Bernardo Ameneyro Esquivel | @nayoameneyro
La noche del pasado sábado 7 de junio, la banda mexicana de rock La Castañeda, se presentó en el Auditorio Nacional, su primera vez en su larga y fructífera carrera musical como acto principal y por última vez, como toda apunta, en uno de los escenarios más importantes del país en plena madurez musical y creativa, a lo grandes, pues.
En medio de un ambiente sin imaginación, donde se apuesta por crear una imagen de caos o peor aún de simulación, la luz la proporcionan los que no conchaban con esos que pretenden tener la razón por aparentar controlar todo a su paso, La Castañeda abrazó durante más de tres décadas a los inadaptados, los que no apuestan o se dieron cuenta del fraude de lo establecido, descubriendo la trampa.
Así, los integrantes de la icónica banda de rock, Salvador Moreno (vocalista), los hermanos Omar De León y Oswaldo De León (guitarra), volvieron a dejar claro que la locura no es para todos; durante 35 años han sido los responsables de que cientos de miles de personas hayan permanecido parados durante horas, ya sea bajo el Sol inclemente o siendo amedrentados por mi padre Tlaloc; millones de historias de amor y claro de pérdidas, de ampollas en los pies y deshidratación- y claro, son los responsables un sinnúmero de borracheras, abrazos, besos, desgañites y deschongadas.
El legado llega solo con el trabajo, de ahí que, frente a miles de personas, la noche de anoche, una muñequita de menos de 10 años de edad, acompañada por Mamá y Papá, bailara y cantara la gran mayoría de los temas, disfrazada con una camisa de fuerza, muy ad hoc para la ocasión, disfrutando de la locura heredada en casa, viviendo lo que será uno de los mejores recuerdos que tenga en vida.
Y no, no es para todos, dedicar cuerpo y alma al trabajo, con uno de los oficios más incomprendidos, subvalorados y desperdiciados: el de contar historias, donde se cierran 10 puertas por segundo y apenas se abra una, se debe aprovechar la oportunidad para entrelazar el camino de almas de personajes ya sea por analogía, datos biográficos, metáforas o mejor aún, de los que viven en total y completa sintonía con el Mundo irreal, el de los locos, incomprendidos, que no se adaptan y se acostumbraron con una sonrisa sincera a que todos les dijeran que No.
Esa fue, hasta el momento la causa y efecto de un grupo de amigos, que aprendieron que el rock es más divertido con un performance, protagonizado por seres que conviven en la imaginación del público respetable, miles de almas libres, complementarias, atrevidas, honradas, genuinas, justas, aterradoras, y a veces hasta fantasmagóricas, todo, TODO, conviviendo arriba del escenario del Coloso de Reforma, adecuado con todo lo técnica y humanamente conveniente para hacer lucir a una de las bandas con sonido más fino de nuestra gloriosa escena de rock nacional que vivió uno de los cenit más emblemáticos de su historia.
Larga Vida a La Castañeda.
Enhorabuena.












